Joan Pallarés Gómez argumenta como antropólogos e historiadores se han referido al consumo de drogas, como una conducta casi universal. Si bien, las justificaciones de por qué usarla, las formas de hacerlo, las respuestas y comportamientos inducidos por el consumo y las consecuencias del mismo, son variables.
El consumo de drogas está modelado por la trilogía individuo-sustancia-contexto.
En concreto del alcohol, podríamos decir que hace referencia a la droga más usada por las personas, que ha conllevado a un proceso de normalización. Si bien, no todas las drogas generan la misma preocupación, por lo que las demandas desde la perspectiva de la intervención social están generalmente centradas en los jóvenes y en los consumos de drogas ilegales.
El alcohol es la sustancia más utilizada por los jóvenes y está presente en todos los contextos. Les permite abrirse a los demás, les facilita la comunicación y les posibilita llevar a cabo comportamientos que en su ausencia serían mucho más difíciles.
Esta es la imagen presenta que va teniendo una difusión social y que provoca el aumento del uso y abuso de la citada droga.
Lo citado es contemplado por la nueva campaña de la FAD (Fundación de Ayuda contra la Drogadicción), poniendo el acento en la aceptación social que se tiene de la bebida. (http://www.elmundo.es/elmundosalud/2011/05/17/noticias/1305621497.html)
Lo que plantea esta campaña es sensibilizar y propiciar la reflexión sobre el consumo de alcohol, especialmente entre los jóvenes y adolescentes. "El alcohol se ha convertido en el protagonista indiscutible de las noches de ocio juveniles, llegando a producirse el 'consumo de atracón', en el cual casi un 29% de chicos y un 18% de chicas se pueden tomar cinco o seis copas en un periodo de dos horas", explica Ignacio Calderón.
A pesar de que no pueda ser una conducta generalizada, es real que forma parte de un gran porcentaje de jóvenes. Además, es especialmente relevante el adelantamiento de la edad de inicio en el consumo de esta sustancia, que en la actualidad está teniendo lugar.
Es por todo ello necesario, campañas para el fomento y promoción de la salud, a través de la educación en estilos de vida saludables.
No se puede prohibir el consumo, pero sí se puede hacer ver as consecuencias que el consumo puede tener.
Lo verdaderamente importante es abordar los estilos de vida considerando si éstos asumen comportamientos de riesgo o comportamientos de protección.
Y es aquí donde puede ocupar un papel importante el educador en esa tarea de educar para la salud, a través de la promoción de estilos de vida saludables.
El alcohol produce una alteración del funcionamiento de los circuitos cerebrales que intervienen en el autocontrol.
Y puede causar o agravar otros problemas médicos, psiquiátricos y adictivos.
Se entiende por tanto el alcoholismo, como una enfermedad crónica en la medida que:
- Durante su fase activa, provoca deterioro en todas las áreas del individuo.
- No existe una curación como tal sino una recuperación de ellas.
- Y en ocasiones es imposible la recuperación.

Cuando tiene lugar es necesario el desarrollo de programas de deshabituación que contemplaría:
- Información asociativa
- Acogida/reinicio al tratamiento
- Desintoxicación
- Deshabituación
o Grupo de autoayuda – sesiones con técnicos.
o Grupo de Psico-terapia.
o Sesiones individuales con técnicos.
- Inserción o incorporación social.
En relación a este último punto, hemos de indicar que las acciones del proceso de incorporación a la sociedad está destinada por un lado a capacitar (sensibilizar, provocar, ayudar, estar disponibles...) a las personas con problemas de uso de drogas y, por otro, a acercar (flexibilizar, permeabilizar, objetivar con realismo, despatologizar...) los recursos que pueden prestarle alguna atención. (Jaime Funes Artiaga)
Tarea que, por otro lado, podría desarrollar un trabajador social, pues entre las funciones expuestas por “Anclaje” se encuentran la de búsqueda de recursos, atención terapéutica, etc.
Así, como conclusión, podríamos decir que la intervención en alcoholismo depende de un trabajo interdisciplinar (médicos, educadores sociales, trabajadores sociales, psicólogos, etc.), donde cada profesional junto con el destinatario, aborden la problemática desde un enfoque transversal.
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